26 agosto 2011

KAYAK EN GROENLANDIA



A finales de julio fuimos a hacer algo que a muchos les resultará extraño. Ir a piragüear por los fiordos groenlandeses entre icebergs.

Fuimos Karlos, Karmele, Bego, Oskar, Aitziber, Ziriza, Jon, Leku, Goio, Jose, Alberto y yo, una docena de alaveses todos o por lo menos medio alaveses…

Los primeros días los pasamos Oskar, Bego y yo en Copenhague, haciendo un poco de turismo al más puro estilo dominguero. Lo mejor de la ciudad es la calle Nyhavn, donde está el puerto y tiene mucha vida con un montón de cafeterías. Un lugar típico es la sirenita, claro, aunque en sí es una mierda, pero claro, estando allí hay que ir a verla porque parece que es lo único que conoce todo el mundo de allí. Lo que había por toda la ciudad era un montón de elefantes pintados de diferentes modos, daba un toque curioso a la ciudad. Otros lugares de interés, pues el montón de castillos y jardines que hay por la ciudad. Una ciudad como para verla en 3 días (dos tienes que ir a sprint).

Como curiosidades, el barrio de Christiania, un lugar donde no rige la ley danesa y tienen su propia idiosincrasia anárquica, aunque lo que más hacen es trapicheos y trabajos en madera o hierro. Yo me hice también una foto en la estatua de Kierkegaard… qué recuerdos me traen de Faemino y Cansado…

Luego ya llegaron todos los demás y cogimos el vuelo a Narsarsuaq, desde donde cogimos una zodiac a Narsaq. Un recorrido en teoría de una hora se alargó media hora porque el mar estaba de lo más movidito… Pero por fin llegamos a Narsaq donde empezaríamos a remar por los fiordos groenlandeses como comentaba en un principio entre icebergs. Algunos de los fiordos, como era el primero que atravesamos, estaban llenos de icebergs. Estos fiordos eran las salidas naturales del enorme glaciar que cubre la gran mayoría de la isla de Groenlandia.

Según avanzábamos por los fiordo fuimos pasando por el frontal de varios glaciares, a los que no nos podíamos acercar mucho por si acaso caía un trozo de hielo y se producía una ola que nos pudiera hacer volcar. El agua estuvo muy tranquila todos los días, es más movido piragüear por el pantano de Landa, por ejemplo. Sólo un par de pequeños sustos, uno por un iceberg que se nos rompió y otro por un barco que pasó al lado nuestro, en ambos casos un par de olas que movieron el kayak más de lo que nos hubiera gustado. Lo más chulo de los icebergs era ver cómo se les caía un trozo y giraban sobre sí mismos para volver a equilibrarse. Más o menos de cada iceberg sobresale tan sólo la octava parte de los mismos, así que las moles que tiene que haber sumergidas tienen que ser de flipar porque algunas que se veían flotando eran muy grandes.

El ritmo de cada día fue parecido los 5 días de paleo. Nos levantábamos a las 8 o así, aunque de día llevaba ya unas horas. Desayunábamos un poco, nos preparábamos metiendo todo en los kayaks y a remar. Hacíamos unas 2 o 3 paradas al día, una para comer y las otras para ver algún sitio, reponer alguna fuerza, mear… paleando un total diario de unos 25 km.


Las noches las pasamos 2 de ellas en tiendas de campaña, otra en un campamento donde las tiendas eran algo mejores que las de campaña y la última en la casa de un cazador, que al no estar él se la ocupamos.


Es una costumbre inuit que si alguien llega a una casa perdida en el monte puede entrar y disfrutar de ella, marchándose al día siguiente dejándola como estaba y listo. Se ha llegado a dar el caso de que un ‘okupa’ se metiera en la cama del inuit y se durmiera, al despertarse ver al propietario inuit de la casa tumbado durmiendo en el suelo sin despertarle. Vamos, igual que por estos lares…

Yo los 3 primeros días disfruté mucho del paleo, pero la noche que dormimos en unas camas con tela tensada me destrocé la espalda, al día siguiente no podía doblarme y me tuvieron que echar una mano porque esa mañana no pude ni ponerme las botas.



Me pasaron unas drogas que me hicieron algo de efecto y por suerte la espalda no me dolía tanto sentado en la piragua. Pero todo lo que era levantarme o sentarme me hacía ver las estrellas (porque auroras boreales no vimos ninguna) Lo que tengo que hacer es dar las gracias al resto de la expedición porque a cuenta de mi dolor de espalda me escaqueé de portear las piraguas y las cosas de acampada… como si lo hubiera planeado a la perfección…





Al acabar la vuelta en kayak estuvimos un día viendo el pueblo de Narsaq, o bueno, igual es ciudad allí. El caso es que tenía 1.500 habitantes y era una de las mayores poblaciones de la zona. En total en todo el país viven 56.000 personas, así que claro, las poblaciones son bastante pequeñas. Para ir a la nuestra por ejemplo sólo se podía llegar en kayak, zodiac o helicóptero.

Una gominola menos de las que disfrutar en la vida, pero la hemos saboreado bien.