28 noviembre 2011

EL JOAN PETIT QUAN BALLA

Aprovechando que tenía un curso por Barcelona y acababa el viernes, me fui con la furgo para volver durante todo el fin de semana a lo largo del prepirineo por carreteruchas pequeñas en las que no había casi circulación pero donde sí que hay muchas curvas. Menos mal que no he tenido problemas porque algún día pensé que si me llega a pasar algo a ver quién viene a buscarme.
La primera parada fue en Vic, donde estuve viviendo un par de años y de donde me marché en 2.001, es decir, hace más de 10 años. Al principio estaba un poco desorientado, pero poco a poco me fui ubicando y las cosas me iban sonando cada vez más. Estuve viendo por supuesto la Plaza Mayor (donde han hecho un parking subterráneo, pero por lo demás está igual de chula). Cerca de esta plaza estaba mi vieja casa, en una calle estrecha antes llena de tráfico pero que ahora la han hecho peatonal y tenía la apariencia de la calle Dato. Ahí estaba Vila Ors, la tienda de bicis donde iba a buscar recambios tras las vueltas que me di por el valle de Osona. Y por último estuve también en la cervecería Dickens, donde tantas birras me eché en su día, todo igual, misma decoración, mismo cuenco de palomitas a la hora de pedir las cañas de todo el mundo y misma camarera con el acento cerrado que hace difícil entenderle. Lo único que no era igual era que estaba solo, normalmente me hubiera echado allí las birras con Manolo, como cada jueves en lo que era una tradición previa al bokata eguna. Lo cierto es que no lo tenía en la cabeza pero al entrar a ese bar me acordé mucho de él, esta vida es una puta mierda muchas veces. Este post va para él y su canción preferida, el Joan Petit quan balla, balla, balla, balla...


De ahí salí hacia Tavertet donde llegué de noche y me tiré a dormir. Al levantarme la vista era de impresión, estaba en la parte alta del valle y aunque allí estaba despejado por abajo se veía un precioso manto de niebla. Tavertet es un pueblo que mantiene muy bien el estilo tradicional de la zona, y aunque están haciendo muchas casas nuevas, mantienen la línea. Pero lo mejor del pueblo no es el pueblo en sí, sino las vistas que hay a su alrededor. Lo que se ve de la comarca de Osona es de impresión.


Después de allí me fui a Rupit, un pueblo en el que ya había estado pero que no me canso de ir. El encanto de las calles y las casas empedradas te hace que retrocedas un montón de años hacia atrás. Del pueblo salí a hacer un recorrido andando de unas 2 horas y algo y lo que no sé es cómo no lo había hecho antes, precioso el camino, primero con una cascada que me pareció grande, pero que al ir más adelante el paisaje posterior la hizo pequeña. La segunda cascada era enorme, además con unas vistas desde arriba que hacían más elegantes todavía esta cascada. De ahí volví hacia Rupit donde estuve otro rato paseando por esas calles con la mente en blanco.
Salí de allí con destino a Castellar de N’Hug, un pueblo chulo, aunque después de estar en Tavertet y Rupit me supe a poco… aunque tengo que reconocer que merece la pena.


De aquí salí a dormir a Aínsa, pueblo que también lo tenía visitado, de mi época de estancia en Altorricón, ya que era un pueblo al que me escapaba algún fin de semana para desconectar. Este pueblo tiene un casco histórico amurallado y un castillo anexo que lo hacen digno de visitar. Tiene también un pantano que yo no pude ver este domingo por la niebla que había por la mañana que poco a poco se fue levantando, pero sólo en el pueblo. En este pueblo también hay muchas actividades de deportes en la naturaleza, aunque yo estaba casi de paso, así que no hice ni echarles un ojo.


La última parada fue en Javier. Tantos años pasando por bien cerca y no había entrado nunca. Así que esta vez que iba con tiempo me desvié del camino a Gasteiz y entré a verlo. Lo cierto es que es chulo y además está muy bien cuidado, una parara muy recomendable, corta, pero bien chula. Había que conocer a este navarro donde los haya.

21 noviembre 2011

CARRERAS DE ASFALTO EN NOVIEMBRE

Este mes de noviembre he participado en 2 carreras de asfalto. Primero empecé con la Gasteiz Hiria que organiza el periódico Berria, de 10 km. La víspera llovía en Vitoria que parecía el diluvio universal, así que se quitaban las ganas de salir a correr, pero por suerte el domingo a la mañana salió mejor, aunque nublado no llovía, así que estuvo bien para correr. Allí me junté con unos cuantos de Zortzietakoak con los que tan solo estuve en la salida y en la meta, luego en carrera les iba cubriendo las espaldas cada vez más y más de lejos. Mi tiempo fue de 51 min, está claro que he tenido temporadas mejores, pero después de llevar tantos meses parado por la dichosa espalda para mí es más que suficiente ponerme unas zapatillas y poder salir a correr (o a trotar, pero bueno) Poco a poco y con km iré recuperando mis tiempos de hace un par de años, que como tampoco eran tan buenos, están al alcance de la mano.




La otra carrera fue como no la Behobia. Será un robo la inscripción pero el disfrutar de los ánimos de la gente a lo largo de todo el trayecto no tiene precio. En algunos momentos se te pone hasta carne de gallina de lo que grita el público. Un año más, impresionante.
Desde la salida con el calor que hacía vi que no iba a ser mi día (aparte de los pocos km que llevo en mis piernas, que es lo más importante), llevaba unos ritmos peores que en la Berria, así que me pude hacer una composición de lugar desde el inicio. Después de dos años de tiempo muy malo con agua y viento he llegado a la conclusión de que es mejor eso que el calor de este año (y eso que había ‘sólo’ 25ºC) Pero al ritmo del trote cochinero pasamos la subida a Irún, luego Gaintxurizketa con sus repechos posteriores y luego el remate de Miracruz.
La carrera se me hizo dura, así que mi única solución fue ir avanzando con un trote más suave para no explotar. Los km iban pasando y al final acabé con casi 2 horas de carrera. De las 4 B-SS que he hecho ha sido el peor tiempo (1.59.54) bastante lejos del mejor que hice en 2.008 (1.38.44)… 4 años más tarde voy 20 minutos más lento, es decir, a 6 min el km en lugar de a 5.
Al final el susto de un compañero, pero ya va recuperando. Nos seguiremos viendo en las carreras.