18 agosto 2008

FINDE EN MORASVERDES

El fin de semana del 10 de agosto, en lugar de estar terminando las fiestas de Gasteiz, me fui desde Badajoz a Morasverdes, el pueblo de Elvi. Le debía la visita desde hace tiempo, así que con la excusa de que estaba en Badajoz… Salí a la hora de comer y llegué a Salamanca a eso de las 6 de la tarde (tras unos 300 km de coche) Elvi estaba esperándome con Puri en su casa, así que siguiendo las indicaciones de mi gps localicé la plaza de Castrotorafe y me junté con ellas. Salimos desde allí andando por las calles de Salamanca. La ciudad es muy guapa, monumental donde las haya y tiene un montón de edificios de quitarse el sombrero. La mayoría de los edificios tienen una piedra de las cercanías de Salamanca, entre naranja y rosa, que hace que casi todos los edificios sean bastante similares (nuevos y viejos) Entre otros edificios estaba la de Juan de Álava. Y la mejor uno de la universidad, en el que había que encontrar una rana entre todos los ornamentos que había en la pared, misión casi imposible si no te dicen dónde está. En teoría si encuentras la rana ese año apruebas, aunque con lo chungo que es yo creo que sería mejor estudiar. Después de un buen paseo para conocer la ciudad llegó el momento del poteo, al que se nos unió Isabel. Echamos unos cuantos potes y pintxos y se nos hizo un poco tarde, pero bueno, lo cierto es que lo pasamos bien.

El sábado de camino a Moras paramos a ver Ciudad Rodrigo. Es mucho más pequeña, claro, pero tiene una doble muralla con foso entre medio que debe ser de las pocas de la península. Había muchos edificios que tenían los escudos en las paredes torcidos, creemos que por ser de hijos bastardos de los primogénitos poseedores del escudo. En Ciudad había un almacén de lo más curioso… En la plaza nos echamos un buen pote mientras Samuel Sanchez se ganaba la medalla de oro olímpica. Y por fin llegamos a Morasverdes!!! Después de estar con Elvira, Luis y la abuela y de comer un poco nos fuimos camino de La Alberca, pero a mitad de camino decidimos pasarnos primero por la peña de Francia. Para llegar había un puerto de unos 11 km como para subirlo en bici. En la ermita de la peña había una virgen negra.

Para terminar el día nos dirigimos a La Alberca. En este pueblo las casas tienen un toco como asturiano con un montón de traviesas en las paredes que le daban encanto al pueblo. En la plaza había unos tamborileros tocando una canción de lo más repetitiva.





El domingo nos levantamos ya con más tranquilidad y salimos a dar un paseo por Morasverdes. El pueblo en sí no es chulo, pero claro, es como el pueblo de todos y cada uno de nosotros, que sin duda es el mejor. Elvi me estuvo contando historias de uno y otro rincón del pueblo como la cumbre (donde pasaba lo mejor), las piedras o la piscina. Durante el paseo paramos en un bar de los 3 del pueblo a echar un refrigerio y conocí a Plis Plás, un auténtico fichaje (nos dijo hasta que en fiestas de Moras tocaba Rosendo…) Antes de comer a echar el pintxo y luego a comer. A la hora de comer también estaban Tari y su chavala y Yoli con toda su family que venían de Picos de Europa. Con la llegada de los sobris de Elvi se revolucionó la casa.

Y así se acabó el finde, a media tarde de vuelta con el coche por Bejar, Plasencia, Cáceres y por fin, Badajoz.

06 agosto 2008

TOUR DE VUELOS

El jueves 31 fui a ver una obra del festival de teatro clásico de Mérida. La obra se representaba en el teatro romano, así que el lugar era de lo más adecuado.
“Miles Gloriosus”, de Plauto, versión de Juan Copete y dirección de Juan José Afonso. Los actores eran, como Gallomáximus: Pepe Viyuela, como Centella: José Sancho, como Bonifacius: Cesáreo Estebánez, como Candidus: Alejandro Tejería, como Almibaro: Aitor Luna, como Iulia Macedonia: María Ruiz, como Hartadón: Javier Losán, como Viciaindomita: Esther Ortega, como Vespa Celestina: Ana trinidad y como soldado Lurcion: Germán Vigara.
Era una obra con guión romano, pero a cuyo texto le metían comentarios jocosos sobre todo con tintes extremeños, metiendo sitios para ambientar la obra en la Mérida de hace un montón de siglos. La obra estuvo muy bien y nos echamos unas cuantas risas.

El viernes por la mañana después de dormir sólo 3 horas me dirigí al aeropuerto de Badajoz… vaya día que me esperaba… Llegué a Madrid a las 9 y hasta las 12 no salía el vuelo Madrid-Bilbao, así que estuve vagando por el aeropuerto 3 horas (y nunca mejor dicho, porque me cambiaron la terminal un par de veces así que cogí el tren de la T4 a la satélite un par de veces) Por fin pusieron una puerta y allí que me fui a esperar el embarque. Cuando avisaron que comenzaba el embarque me puse en la cola y pasé como siempre, entregando la tarjeta de embarque que pasaron por la máquina y hacia el avión. Nada más entrar un piloto de Iberia que iba en el pasaje (casualidades) dijo en alto “28-delta” y yo me di cuenta que tenía el asiento 28D, así que le pregunté a ver si se sentaba en mi sitio, y así era. Así que consultamos con la azafata que nos preguntó los nombres y se fue a ver que pasaba. El piloto al ser de Iberia me dijo que me sentara yo, que ya le recolocarían a él, así que le di las gracias y me senté, caí sobado enseguida. Me despierto cuando el avión estaba bajando y oigo algo de Palma de Mallorca por megafonía, no puede ser… escucho con más atención y empiezan a hablar en catalán. Sí, sí que era, estaba aterrizando en Palma de Mallorca. Yo flipaba, y cuando se lo dije a la azafata, ella flipaba más todavía. Después de contarle esta historia a 3 personas, la tercera me gestionó las tarjetas de embarque para volver a Bilbao. Cogía de vuelta a Madrid el mismo avión en el que había venido, así que fui la comidilla de l@s azafat@s de ese vuelo. Por fin llegué a Bilbao 5 horas más tarde de lo previsto, eso sí… sin maleta, que por supuesto me la perdieron…

Para relajarme el sábado una vuelta en bici con Karlos. Me llevó con el gancho puesto, una vuelta de casi 100 km por Agurain, Heredia, Ozaeta, Legutiano y Gopegi. No había subidas fuertes, pero al final sacamos una media de 30. Por la zona de Gopegi tenía las piernas para tirar. Luego a la tarde a tomar el aire sanromanejo y el domingo a la mañana a remar al pantano con Karlos y Karmele. El día estaba de flipar con un sol que nos permitió darnos unos chapuzones y el agua plato, plato. A ver si algún año de estos me agencio una piragua…