06 noviembre 2007

VALCARLOS

Pues el puente de Todos los Santos nos fuimos Raúl y Marta Larrauri y yo a Valcarlos, al norte de Roncesvalles, es decir, en el pirineo navarro. El viernes salimos hacia allí y llegamos a comer a Roncesvalles. También vino Juankar que se pegó una escapada con la moto para comer con nosotros. Después de comer subimos al puerto de Ibañeta, donde nos íbamos a parar a echar una pequeña siesta después de comer. Salí a dar un ligero paseo (más que paseo a estirar las piernas) y sorpresa, había una escultura que me recordó una visita de hacía un montón de años ya que allí paramos un día que fuimos a ver jugar a Diego con Xebe a cesta punta en Iparralde. Según estábamos allí el tiempo se complicaba más y más, la niebla era más y más densa y casi no se veía nada. Así que después de despertar todos salimos hacia Valcarlos, una bajada de 15 km desde allí con más de 700 metros de desnivel, un buen puerto, vamos. A la llegada a Valcarlos llegamos a Casa Marcelino donde estábamos hospedados, el de recepción era como un armario empotrado, con pelo en pecho y cadenas en el cuello. Después salimos a dar una vuelta por Valcarlos y aquello parecía un pueblo fantasma, no se veía a casi nadie, y lo que era peor, a nadie en los 3 bares que vimos… en uno de ellos había una señora planchando, así que ya veis… Al final conseguimos echar una birra y luego a cenar (casi sin hambre) para ir a la cama prontico, porque tampoco había dónde ir. Después de ver la tele a sobar un poco.


El sábado nos despertamos con un grito de Marta porque se acababa de dar cuenta de que eran las 9 de la mañana pensando que era mucho menos. Así que nos pusimos en marcha. El día estaba muy nublado por Valcarlos, así que pensábamos que se nos iba a fastidiar el paseo, pero al subir al puerto, en la cima de Ibañeta todo despejó por el lado navarro mientras que el francés estaba encapotado. Fuimos a desayunar a Burguete porque habíamos visto una panadería que tenía buena pinta para desayunar y no hizo ningún feo, la pastelería muy buena. De vuelta a Roncesvalles para empezar la subida a Ortzanzurieta (1.570 metros). Empezó la subida por un bosque de lo más parecido a Izki, eso sí, cuesta arriba hasta que llegamos al collado de Lepoeder. De allí ya seguimos por un cresterío de lo más fácil y pelado llegando a cima en poco tiempo. El día era perfecto con un sol de flipar, así que la subida la hicimos en camiseta. Almorzamos en el mismo Ortzanzurieta sin tener que buscar refugio ni nada porque hacía hasta calorcito. Después de comer una buena tumbada y de nuevo para abajo. De ahí a pegarnos una ducha, echar una birra y cenar. Durante la birra estuvimos en un bar que había una cuadrilla de mozetes y mozetas que estaban cantando rancheras, así que nos sentimos como en las cenas de hace un montón de años.



Para terminar con el finde llegó el domingo. El tiempo estaba de nuevo nublado y salimos de nuevo a nuestro lugar de desayuno en Burguete. De ahí hacia la selva de Irati. Al entrar había mucha niebla, pero en la zona del embalse estaba más despejado, así que nos dimos el paseo dando toda la vuelta al embalse de Irabia, unos 10 km por el borde del pantano y entre los árboles de la selva de Irati. Una zona muy chula para dar un paseo tranquilito, sobre todo por lo llano. Después estuvimos viendo las ruinas de una antigua fábrica de armas que nos sorprendió a todos porque pensábamos que iba a ser una mierda (no sabíamos que era tan antigua) así que ahí estuvimos un rato pensando que allí curraban hacía unos 200 años. Y de vuelta a Gasteiz, todo lo bueno se acaba.


Hasta gero, gero, gero…

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