04 abril 2008

PORTUGAL TXANGOA (I)

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Bueno, pues esta semana santa la he pasado con Arantzazu, Aitziber, Estitxu y Leza Nos hemos estado unos cuantos días andando en bici. Quedamos el día 19 a la tarde en la muga entre Extremadura y Portugal. Después de conocer a Leza (a las otras ya les conocía) nos dirigimos en dirección a Évora donde dormiríamos la primera noche. Hicimos una parada en Extremoz que les habían dicho que era muy guapo, pero estaba cayendo agua a mares, así que justo nos dio tiempo de sacar una foto y de nuevo corriendo al coche. Montamos el campamento esa noche en Évora.

El día 20 nos levantamos y a preparar todas las bicis con sus alforjas. Dejamos los coches en el camping y empezamos a andar en bici. La primera parada la hicimos en Reguengos de Monsaraz en una plaza donde había una farmacia en una caseta de obra y una tienda que se llamaba “Timarte”, vamos, que invitaba a entrar a comprar. El día de momento estaba medio bueno y alguno se empezó a poner hasta en manga corta. Pero nada más arrancar el día volvió a ponerse muy revuelto y empezó a caer agua, bastante más que txirimiri, así que nos metimos a cubierto a esperar a ver si pasaba un poco. El temporal pasó y de nuevo a la bici después de preparar todos los chubasqueros. El día siguió por una carretera bastante llana y tranquila hasta que llegamos a Monsaraz, un pueblo amurallado en lo alto de una colina digno de ir a visitar. En el pueblo antes de llegar, Telheiro, había una fuente y un lavadero a la antigua usanza, así que hicimos unos posados de lo más naturales. De ahí ya subidón hasta alcanzar Monsaraz. En la cima hicimos una pequeña práctica con nuestro inglés porque nos encontramos con unos californianos. El pueblo está todo amurallado y el interior tiene las calles todas empedrada. Había una plaza de toros muy guapa toda de piedra. Después de un buen café dirección a Mourao, lugar donde pasamos la noche en una caseta de obra toda para nosotros. El pueblo a la noche estaba medio muerto y no vimos a casi nadie, no sé si porque era muy pronto o por qué. Eso sí, nosotros a dormir pronto que a las mañanas tocaba madrugar.

El 21 empezó el día con tiempo muy bueno. La primera parada fue en Povoa y luego ya nos dirigimos hacia Moura. Con parada por pinchazo incluida seguimos hacia delante hasta llegar a Serpa, donde era la fiesta de la Virgen de Guadalupe. Según nos habían dicho unos canadieneses el día anterior en Mourao era una megafiesta, pero lo único que vimos fue una banda de música tocando por la calle y algo de decoración por las calles, por lo demás, nada. De nuevo como casi todos los pueblos de la zona, tenía una muralla de lo más guapa y en la parte alta una torre. También había una txalupa, así que Estitxu y yo hicimos unas estropadas. Tras un helado casi caducado salimos hacia Pulo do Lobo, lugar por el que íbamos a coger un atajo que al final se convirtió en una pista de tierra y nos hizo recorrer 3 o 4 km de más para retroceder. Eso sí, las vistas del río de lo más chulas. En este tramo hicimos un poco de mountain bike y alguno se mojó las zapatillas al pasar un riachuelo… Así pasó el día y llegamos a Mértola. Fuimos a buscar el camping que al final no había, así que por supuesto no lo encontramos. Entonces donde los bombeiros a ver si nos echaban una mano, y nos la echaron, porque dormimos en un pabellón de lo más guapo.

El 22 salimos de Mértola y nada más empezar una buena subida. Nada más acabarla, otro pinchazo, así que parada para reparar y de paso descansar un poco. Por una carretera de lo más tranquila llegamos a Almodóvar (pero no vimos a Kepa) Paramos a comer unas frutas y un buen chocolate para seguir nuestro camino. A la tarde salimos a una general con bastante tráfico y encima empezó a llover, así que fue el tramo de lo más feo. Paramos a comer algo justo a la entrada de la sierra de Monchique porque se nos avecinaban subidas, o eso creíamos, y al final nos quedamos cortos con la impresión. Pertrechados con los chubasqueros empezó una subida bastante larga y dura camino de Monchique. Durante la subida vimos el cruce a Cansino un par de veces, pero para cansina estaba la cuesta. Finalmente cuando estábamos a punto de llegar a Monchique a Leza se le partió un tirante del cuadro. La solución tenía mala pinta porque estábamos en un pueblico, sábado por la tarde, en Semana Santa y con la necesidad de hacer una soldadura en aluminio. Bueno, ya veríamos lo que hacer y seguiríamos para adelante. Ese día dormimos en la casa del cura que amablemente hizo la buena obra del día. Para cenar nos dimos un buen lujo y comimos unos platos típicos de la zona cogiendo calorías como para tres o cuatro días.

Llegábamos al domingo 23 y nada más levantarnos lo primero intentar hacer una chapu-reparación en la bici de Leza. Al final nos quedó hasta bien y todo (por lo menos aguantó). La primera parte de la jornada fue muy tranquila y es que después de lo que habíamos subido el día anterior hoy nos tocaba bajar hasta el nivel del mar, así que hasta Lagos a disfrutar. Allí vimos por fin la costa portuguesa y desde ahí iríamos más o menos siempre por carreteras cercanas a la costa. Lagos tiene un casco bastante chulo, así que dimos unas vueltas con la bici por el pueblo y después de reponer fuerzas seguimos con nuestro camino. A la tarde llegamos a Sagres donde existe una fortaleza. Entramos a verla y hay que reconocer que por dentro defraudaba un poco, lo más interesante eran las vistas que había desde el cabo donde se encontraba. Acampamos a las afueras de Sagres y fuimos a ver el cabo de San Vicente, de nuevo con unos acantilados bastante guapos. Para ir a verlo andábamos con el sol bastante apurados, así que tuvimos que hacer unos cuantos relevos que Leza se las veía y deseaba para no perder porque con la suspensión andaba justo para seguir el ritmo que pusimos Estitxu y yo.

El lunes 24 comenzamos a dirigirnos hacia el norte camino de Lisboa y el viento venía todos los días de allí, del norte, así que nos dio bastantes tramos de cara. La primera parada fue en Vila do Bispo, que tenía buena pinta, pero al final nada, lo único que hicimos fue subir un repechón para luego bajarlo. A media mañana nos desviamos de la carretera para bajar a Praia Amado ya que la carretera no iba pegada a la costa. Nos supuso de nuevo subir y bajar a la playa para luego hacer lo mismo pero al revés para volver a la carretera, pero la playa estaba bastante bien. Por estas zonas y en estas fechas lo que más se veían eran surfistas y es que sin neopreno no se veía a nadie en el mar. En una parada para sacar una foto me salió un perro que parecía tenerme más manía que el Zar de Sanro (no sé si os acordaréis) pero me tuve que pegar un sprint que casi doblo las bielas. En Aljezur nos informaron de un taller para hacer la soldadura de la bici de Leza, así que nos dirigimos a Sao Miguel, lugar donde se encontraba el taller de Simao, el artista soldador. Tenía sólo un electrodo para aluminio, así que estaba muy justo de material, eso sí, la chapuza de soldadura que le hizo no era por escasez de suministros. Eso sí, por lo menos aguantó todo el viaje y encima barato porque quería cobrarle sólo 2 euros… Para dormir llegamos a Zambujeira do Mar, un pueblo que no tenía nada aparte del camping, pero es que entre una cosa y otra habíamos perdido más de 2 horas con la reparación y no pudimos llegar hasta donde queríamos.

El día 25 nada más salir entramos en Cavaleiro para ver un cabo que en teoría no había que perderse, y lo cierto es que así era. Había unos acantilados de lo más guapos. Desde allí llegamos a Vilanova de Milfontes (destino inicial del día anterior) La parada del almuerzo fue en Porto Covo donde empezaba una auténtica carretera costera que nos llevaba hasta Sines. Aquí sí que íbamos viendo la costa bien según avanzábamos. Había varios acantilados y calas muy guapas. En Sines entramos a ver el castillo, pero tampoco mereció mucho la pena. Desde allí un tramo de una especie de autovía hasta que llegamos al desvío del camping. Después de unos kilómetros de camino de tierra en mitad de la nada llegamos al camping de Praia do Gala. Ya pensábamos que no íbamos a encontrar nada. Llegamos justo antes de cerrar la entrada, pero bueno, lo suficiente como para inscribirnos.

El 26 volvimos de nuevo por el camino de tierra hasta llegar a la carretera que nos llevaría a Troia. El tramo final era por un istmo a la desembocadura del río Sado. Allí nos encontramos con una pareja de alemanes con los que estuvimos hablando un rato “Basqueland, yaaa” En Troia cogimos el ferry que nos llevaba a Setúbal. De ahí a buscar la estación de autobuses porque Leza y yo íbamos a cogerlos con dirección a Évora para volver luego con los coches. La de los tickets al vernos con la ropa de pingüino y las bicis a 5 personas casi se vuelve loca “no, bicicleta no” y nosotros “que no, só 2 billetes normales” y ella venga con que no podían meterse bicis. Después de comprar los billetes fuimos a cambiarnos en una plaza de Setúbal y a tomar un pote para pasar el rato. Al final fuimos a coger el bus mientras Aitziber, Arantzazu y Estitxu se quedaban esperándonos, larga espera. El autobús era de pueblos, así que le costó hora y 3 cuartos llegar y luego a nosotros volver otra hora con el coche. Al final las recogimos y nos dirigimos hacia Lisboa. Allí acampamos después de perdernos entre nosotros y conseguir encontrar el camping cada uno por su cuenta y nos dirigimos al centro para ir a cenar. Dimos un pequeño paseo y a cenar para volver cuanto antes a sobar. El pote y la marcha de Lisboa ya la conoceremos en otra ocasión. Al final a las 11.15 en la cama, record de trasnoche.

Por fin llegó el último día de vacaciones y lo dedicamos básicamente a conocer Lisboa. Empezamos visitando la zona de Belem, donde está la torre, el monumento de los descubrimientos, el puente del 25 de abril, el monasterio de los Jerónimos… y los pasteles de Belem!!! Si vais, no olvidéis probarlos, pequeños pero están de flipar. Después fuimos a ver la zona de Alfama. Fuimos cogiendo altura y vimos varias panorámicas desde algún mirador hasta que llegamos al Castelo de Sao Jorge. Este castillo está en la parte alta de Lisboa, así que aparte del castillo en sí, que está bien, también merece la pena entrar por las vistas que hay. De nuevo para abajo hasta alcanzar la Rua Augusta y la Plaza de Comercio. Por el camino paramos a comer en un restaurante también con buenas vistas desde la terraza. Aquí dejamos constancia de nuestra presencia con una disputa subida de tono y todo el bar mirándonos “kojones ya”. De ahí cogimos el coche dirección Évora, ciudad de nuevo con una muralla y que en el interior tenía unas ruinas romanas al más puro estilo romano, claro. Luego ya camino a Badajoz donde dormimos para despedirnos el viernes a la mañana, ellos volvía a Gasteiz en coche y yo me iba al aeropuerto.

Como resumen, 666 km recorridos, un desnivel acumulado total de 7.787 metros, un montón de pueblos visitados y lugares recorridos y sobre todo una muy buena compañía. Esto de meterse en grupos que no conoces del todo a veces tiene unos riesgos, pero en su día ya dije que “los únicos riesgos que lamentamos en la vida… son los que nunca tomamos” y en este caso desde luego no hay nada que lamentar, sino todo lo contrario, ha sido un total acierto. Así que agradecer a Aitziber, Arantzazu, Estitxu y Leza dejar meterse ahí a un sanromanejo porque me lo he pasado de puta madre. Al final han hecho hasta que cambiara mi percepción de los portugueses (y no lo tenían fácil)

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