
El finde de fiestas de Gasteiz nos juntamos Raúl Larrauri y yo a mitad de camino… vaya par de gasteiztarras… Él salió desde Gasteiz y yo desde Badajoz para encontrarnos en Candelario, 5 km al norte de Bejar, tierra de grandes ciclistas como Heras y Cubino (no me extraña con las cuestas que tienen) Yo llegué un poco más tarde de lo previsto inicialmente porque me lié en el curro. Después de echar una caña y de acomodarnos en la habitación salimos con el coche hacia Béjar. Es un pueblo bastante grande separado por un valle en el centro. Estuvimos dando un paseo y lo que más nos sorprendió fue la forma que tienen de hacer muchas paredes por estos lares, colocando tejas en vertical, curioso. También encontramos una calleja tipo Korres y encima se llamaba Rochín, así que claro, hubo que sacarle una foto. Después del paseo entramos a comer unas tapas donde nos pegaron una pequeña sablada para lo que comimos… es lo que tiene no conocer. Nos recogimos pronto para casa que el sábado tocaría madrugar, bueno, un poco porque hasta las 8.30 no nos daban desayunos.

Así que el sábado después de desayunar salimos hacia un lugar llamado ‘la plataforma’ donde había un parking y salía el recorrido hacia Calvitero. Ya desde allí había buenas vistas y es que salimos desde más de 1800 metros de altura. El primer tramo era bastante empinado, alcanzando los 2.400 en 3 km y medio. Luego ya fuimos cresteando hasta llegar al Calvitero y al Torreón del Calvitero, pero ya un recorrido mucho más suave. El camino era sencillo salvo un pequeño tramo llamado ‘la cadena’ que debía su nombre a que había una cadena para ayudarte, pero bueno, tampoco nada peligroso. Las vistas por el cresterío estaban bien, con la sierra de Gredos al fondo. Lástima de una ligera carlina que no dejaba ver hasta el horizonte. Cuando empezamos a bajar nos paramos a almorzar un poco, unos frutos secos, que aunque no se puedan comparar con un buen bokata de tortilla, nos supieron bien buenos. Luego ya poco a poco para abajo. Lo peor estaba por llegar y es que la senda poco a poco iba desapareciendo y tuvimos que ir a derecho al más puro estilo sanromanejo. A mí se me hizo duro porque había un montón de arbustillos tipo seto de unos 20-30 cm de alto, pero para Raúl que iba con pantalón corto… Al final llegamos al coche a eso de las 4, así que en un refugio que había antes de llegar a la plataforma paramos a comer un bokata y de ahí ya para abajo.

Al llegar al hotel estuvimos un rato reposando en el sofá y luego a la piscina, a relajar bien los músculos. El agua estaba algo fresca así que no estuvimos mucho rato, así que después de la ducha bajamos al pueblo, a ver Candelario (www.candelario.es o www.candelario.info). Es un pueblo bastante rústico con las calles empedradas, bastante estrechas, casas con puertas y contrapuertas de madera y regates para el agua. .Por cierto, como todo buen pueblo que se precie, era todo una cuesta!!! Después de callejear y tomar un par de tapas nos metimos a cenar en un restaurante de la plaza y acertamos. Nos metimos un homenaje que no sé si nos lo habíamos ganado o no. Primero una ensalada de gulas y luego unos huevos con jamón Raúl y yo un entrecote. Salimos con la intención de dar un pequeño paseo para bajar el estómago pero empezaron a caer unos rayos así que nos fuimos al coche para que no nos pillara la tormenta. De ahí al hotel a descansar un poco.

El domingo salimos a dar un paseo bastante más suave, no en distancia porque era parecido (hicimos el sábado 15 km y el domingo 18 km) sino en dureza. Salimos a hacer el pequeño recorrido “Bosque de Ambroz” desde La Garganta a Gargantilla pasando por Hervás. El primer tramo fue todo cuesta abajo hasta alcanzar un río tras lo cual fuimos a la par del mismo hasta llegar a Hervás. El sol apretaba pero al ser entre árboles se llevaba bastante bien. Esta primera mitad fue casi todo por un recorrido empedrado recomendable para andar, pero no para la bici. Lo bueno de hacer un recorrido entre pueblos es que nos paramos en Hervás a tomar un pequeño ‘refrigerio’. Luego salimos hacia Gargantilla. Al principio era un tramo por carretera de más de un km que nos hizo pensar que iba a ser así hasta llegar al final, pero por fin nos desviamos en una pista que se adentraba por el monte, eso sí, cuesta arriba, que nos hizo subir un desnivel de 200 metros para bajarlo en un voleo. De ahí cogimos el coche y fuimos camino de la salida donde habíamos dejado el otro coche parando a mitad de camino a comer, eso sí. Y así se acabó el finde, con una buena jamada y cada uno para su casa, Raúl para Gasteiz y yo a Badajoz.
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