18 octubre 2012

VOLCANES CHILENOS

La última quincena de septiembre hice pira a fiestas de San Román, pero con una buena excusa… me iba con Duba y Karlos a Chile, a descubrir qué es esquiar por volvanes de la zona de la Araucanía chilena. Las fiestas de Sanro debieron estar muy bien, pero…
Salimos desde Bilbo Karlos y yo y tras un largo viaje de avión con enlace en Madrid llegamos a Santiago, donde nos encontramos con Duba. Nada más llegar, sin tiempo ni para coger aire enlazamos con un autobús dirección a Chillán, donde llegamos el día 18, que era la fiesta nacional. El día siguiente fuimos a buscar coche, pero resultó que las fiestas nacionales duraban hasta el 19, así que estaba todo cerrado y “tuvimos” que pasar el día en Chillán. Nada de interés salvo las ‘ramadas’ que son parecidas a nuestras txoznas, pero para celebrar su fiesta nacional. A última hora ya cogimos el coche y el día siguiente salimos dirección a Termas de Chillán con un tiempo bastante complicado. Pero a pesar del tiempo esa tarde nos pusimos los skis para reconocer el terreno de ascensión al Chillán Nuevo, que teníamos intención de subirlo el 20 o 21, en función del tiempo. Subimos lo que es la estación de ski y nos vino bien para hacernos una idea del camino y sobre todo a mí para ponerme unos skis, porque el invierno pasado con el tema de la rodilla no hice ni una esquiada. El 20 nos levantamos con tiempo medio nublado pero con las nubes altas, así que intentamos ir para arriba. La subida del día anterior bien al tener el terreno reconocido hasta acabar la estación de ski. Luego hubo un momento de duda, pero con el gps y unos tracks que me había bajado encontramos el valle por el que debíamos subir ya que la cima como tal no la veíamos. Poco a poco fuimos ganando altura con algunas zonas de más pendiente, pero la nieve estaba muy bien, así que pudimos subir con los skis hasta la cima, donde nos encontramos a 6 chilenos que habían subido andando. Primera cima en un volcán, el Chillán Nuevo, de 3160 m y un desnivel de unos 1.700 m. En la cima estaba todo nublado así que aquí las vistas no eran muy buenas, y para almorzar no hacía buena temperatura, pero fue meternos un poco en el cráter y la temperatura mejoró de una manera sorprendente. Al acabar a empezar a bajar, donde sufro un poco más por mi escasa técnica, pero bueno, la nieve estaba perfecta, polvo caída el día anterior, así que hicimos unas bajadas de flipar.



Tras una buena cena y un buen descanso salimos al día siguiente en dirección a Curacautín. Un viaje de unos cuantos km, al principio por autovía y luego ya por carreteras más locales. Como llegamos a la hora de comer a la tarde fuimos a inspeccionar la zona del Lonquimay, volcán que queríamos subir el día siguiente. Nos dirigimos hasta el pueblo de Lonquimay y de ahí íbamos a volver a Malalcahuello por un puerto que nos dijeron que estaba bien… pero al llegar arriba estaba cerrado por la nieve, así que tuvimos que volvernos. Eso sí, las vistas por arriba hicieron que diera la pena dar el rodeo. Alquilamos una cabaña para 2 noches y a la mañana siguiente nos dirigimos hacia Lonquimay. Aquí el tiempo estaba mucho mejor, un día completamente soleado en la base del Lonquimay que nos permitía ver toda la ascensión que nos esperaba ese domingo. Aquí la parte de la estación de ski era muy corta, por lo que casi toda la ascensión fue por fuera de pista, lo cual hizo que fuera algo más dura, pero más chula, encima disfrutando siempre de vistas impresionantes. Los últimos 200 m la pendiente se hacía bastante más pronunciada, por lo que comentaron de quitarnos los skis y subir con crampones… por mí mejor, que así no hay peligro de nada. La nieve estaba blanda lo cual daba mucha seguridad, pero al girarte para atrás y ver la pendiente que dejabas… Estos dos tiraron para adelante con Karlos abriendo huella y yo haciendo lo que podía para no perder mucho tiempo. En este tramo no levanté mucho la cabeza para ver las vistas, ya que para adelante tenía una pared de nieve y para atrás prefería no girarme hasta que de repente levanto la cabeza un poco y veo a Karlos justo delante de mí sacándome una foto… ¡había llegado a la cima! Pues eso, Lonquimay, 2865 m (desnivel de 1.580 m). Técnicamente creo que es lo máximo que puedo hacer de momento ya que hubo momentos de ir justo y aunque no llegué a pasar miedo ni mucho menos a agobiarme/bloquearme, sí que me decía a mí mismo… dónde te metes…
Aquí la cima la disfrutamos a tope porque estaba completamente despejado y las vistas eran flipantes. En la cima había un argentino que nos dijo que la cara norte era la mejor para bajar y señala hacia el sol… yo me quedé extrañado, pero el sol no está a medio día en el sur??? Menos mal que no pregunté nada, porque en unos segundos me di cuenta de que estábamos en el hemisferio sur y claro, allí es al revés!!! (menos mal que no dije nada para no quedar como un empanado) Llegaba el momento de la bajada. Duba empezó desde arriba mientras que yo bajé andando lo que habíamos subido andando y Karlos empezó a esquiar a la mitad de este tramo. A partir de ahí giros y giros… La nieve no estaba tan polvo como en Chillán pero estaba también muy buena. Al llegar abajo realmente disfruté de la ascensión ya que arriba todavía tenía un poco de miedo de lo que me quedaba y el monte está hecho cuando lo subes y lo bajas. Sólo con este día amorticé todas las vacaciones, para mí fue flipante poder disfrutar de una ascensión de este pelo y todo gracias a Karlos y Duba que hicieron de guías, porque de no ser por ellos ni siguiera me hubiera metido en este embolado.



El siguiente tramo de coche era entre Malalcahuello y Cherquenco (base para el Llaima) y lo haríamos por el parque nacional de Conguillio. Otra preciosidad desde donde se veía el Llaima pero que debido a la nieve tuvimos que darnos la vuelta y volver por donde habíamos intentado acceder. Según avanzábamos la carretera se ponía peor y peor con la nieve y a pesar del 4x4 no pudimos seguir porque la carretera se ponía muy complicada. Al final después de nuevo de un viaje en coche mucho más largo de lo esperado llegamos a Cherquenco donde encontramos sitio para dormir en una preciosa cabaña regentada por un francés, El Medina. El 25 salimos hacia el volcán Llaima, un volcán que técnicamente era más complicado que el Lonquimay y con un riesgo en la caída mayor, por lo que antes de salir ya había decidido que no iba a subir hasta arriba y que me iba a quedar en la parte alta de las estación de ski para bajar tranquilamente a mi aire. Pero al llegar a la estación de ski me convencieron para seguir un tramo que era bastante sencillo y me dejé convencer. Hasta que vi que la cosa se empinaba y ahí me quedé a esperar que subieran y bajaran. El día estuvo muy bueno, así que no pasé frío las 4 horas y media que les costó subir y bajar. Cuando volvieron nos juntamos todos y seguimos bajando disfrutando de nuevo de una buena nieve. La subida la habían hecho sin problemas porque la nieve estaba bien. Subieron con skis hasta el collado y de ahí a cima con los crampones, tanto la subida como la bajada de la última parte. No hice cima, pero disfruté de un buen día, de unas vistas impresionantes y de una tranquilidad del monte que no había disfrutado yo creo que nunca. Ese día en el Llaima estábamos nosotros solos y no había nadie más en todo el monte.




A la mañana siguiente de nuevo a meter todo al coche porque nos íbamos camino a Pucón. Nos habían dicho que serían unas 2 horas y media, pero de nuevo nos costó bastante más (y eso que esta vez no nos perdimos ni una vez) Casi todo el camino por carreteras de ripio (es lo más parecido que puede haber a una pista de parcelaria. En Pucón está la base del Villarrica o Rucapillán y es un pueblo turístico a tope, mientras que nosotros veníamos de pueblicos auténticos en los que sólo había araucanos. Mucho más agetreo. Esa tarde aprovechamos para ir a las termas de los Pozones, donde nos metimos en aguas templada, calientes y otras casi ardiendo a las que había que meterse muy despacito… para refrescar el cuerpo un chapuzón en el río que despierta todo el cuerpo.
La subida al Villarrica no la podíamos hacer entera ya que a las 12 teníamos que salir de allí, por lo que subimos hasta las 11 hasta un lugar conocido como la Capilla y de ahí a bajar. Toda la subida con muy buen tiempo, pero justo al empezar a bajar se echaron unas nubes. Si llegamos a subir hasta arriba nos hubieran pillada en la ascensión, así que nos fastidió menos tener que darnos la vuelta. Y se acabó lo bueno, de ahí en coche a Chillán y en bus a Santiago, donde estuvimos de okupas una noche en casa de la sobri de Karlos. Vaya gueto euskaldun que tienen allí montado, era como estar en casa. Y eso, de ahí, de vuelta a casa.


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