Mientras tanto estas semanas las aprovecho para turistear un poco, aunque sin alejarme mucho de Gasteiz, porque puede ser que me tenga que volver…
A finales de mayo me marché hacia Catalunya, aprovechando que me había apuntado al Cabrerés. Estuve un día en Portaventura. A pesar de ser entre semana había bastante gente y las colas en el Shambhala eran de 40-50 minutos. Esta es la nueva atracción que es el doble de alta que el DragonCan, vamos una caída vertical de quitar el hipo, muy guapa la verdad. El resto de atracciones las conocía de cuando estuve en 2.001, pero no importa repetirlas, la verdad es que están bien. Yo tengo una predilección especial por Estampida, con su traquetreo que da una sensación de velocidad especial.
Me pasé por el santuario de Montserrat, lugar que no conocía de mi estancia por aquellas tierras. Las peñas son de flipar con esas formas alargadas y redondeadas. El monasterio está bien, aunque yo recomiendo ir a primera hora como hice yo, porque luego se llena de gente y autobuses. Luego me di un pequeño garbeo por el monte de la zona, una senda por la que no llegué a donde quería, pero mereció la pena perderse.
Cómo no pasé por Vic, lugar donde residí 2 años y que tiene un encanto especial para mí. De los sitios en los que he vivido sería mi segunda opción (siempre después de Gasteiz, claro!!!)
Y para terminar el fin de semana lo pasé en Santa María del Corcó, o L’Esquirol, como se conoce por allí. El domingo se celebraba el Cabrerés, una de las más famosas marchas de btt, no en vano participamos 3.000 mountain bikers y porque cierran la inscripción, que si no… La salida era de las 7 a las 9 para evitar acumulaciones de ciclistas, así que me planté a primera hora para poder hacer la marcha con más tranquilidad, en vista de los pocos km que llevo este año en bici en mis piernas. Eso me permitió ir a mi ritmo sin agobios de que me cortaran el recorrido largo que fue una pasada de guapo. Especialmente la zona del pantano de Sau con unas vistas de flipar. Lo peor los últimos km cuesta arriba que eran bastante empinados y con tantos km ya se hicieron duros. Pero contento de haber vuelto a hacerla 12 años después. Al que le guste el btt debería hacerla una vez en su vida aunque no le gusten las aglomeraciones, a veces es un peaje que debemos pagar para descubrir sitios maravillosos.
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