09 marzo 2015

MEDIO MARATÓN DE SANTANDER

En julio se me viene una buena, así que voy a empezar a apuntarme a marchas largas porque es la única forma de entrenar tiradas largas. Me conozco y a mi aire me cuesta mucho hacer mucho rato deporte solo, así que en estos eventos aprovecho para tomármelos como un entreno. Con la excusa de que iban 3 del curro a la media de Santander, me uní a ellos para ir a conocer un poco mejor la ciudad. Allí nos juntamos con otro del curro y sus primos, buena cuadrilla… Juanjo, Iker, Sergi y yo del curro y también Asier, Moi y Javi.
Después del madrugón y del viaje en coche, llegamos pronto al centro de Santander donde habíamos quedado, en un hotel al lado de la salida. Hotel cuyo propietario es el dueño de la empresa que para la que construimos la planta de biomasa de Reocín hace 2 años. Un zumo y nos juntamos todos, a ponernos los dorsales, el culote y la gorra. El día venía soleado y con temperatura algo cálida. Un poco de trote (justo un pelín, que luego venía lo largo). Nos tocaba ruta turística por la capital cántabra durante 21,095 km... qué mejor forma de conocerla. En el km 5 y medio se pasaba por meta y ahí se me hizo bastante duro seguir, el cuerpo me pedía parar cuanto antes, porque cuanto más tarde me decidiera a pararme, más distancia tendría que recorrer tras la retirada. Así hasta el km 13 o así, que se hacía una rotonda y se volvía hacia atrás en sentido contrario, ahí ya mejor, cada paso que dabas, era uno menos para acabar. Había algún repecho que me hizo sufrir en los últimos 5 km, pero acabé contento con 1:47:01, justo 3 minutos menos que en la media de diciembre de Gasteiz (y eso que Gasteiz es más llana) o 1 minuto menos que la Behobia (que son 20 km). Así que mejorando, poco, pero mejorando.
Al acabar nos encontramos con Abel Antón, antiguo campeón del mundo de maratón y nos sacamos una foto con él. Luego unos potes por el casco de Santander y luego a disfrutar de la gastronomía local en el restaurante Vivero, en el barrio pesquero, lugar al que nos llevó Sergio. Con una buena paella de marisco el cuerpo recuperó seguramente más calorías de las que había gastado.

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